Muy pronto perdí la ilusión por la vida, por vivir. Muy pocas cosas conseguían despertar algo bueno en mí. Cansancio, angustia, muchos pensamientos y tristeza. Vivía haciendo lo justo; mantenía, no sabía bien cómo, amigos y buenas relaciones, pocas pero buenas, con mi entorno. Cada noche se acostaba pensando en lo vacío que había estado su día. Le costaba mucho dormir. Egoísta, no podía evitar pensar mucho en sí mismo, y le daba vueltas y más vueltas a sus a veces insignificantes problemas. Él era la pescadilla y la cola, y no dejaba de morderse y hacerse daño al volver una vez, otra vez y siempre, sobre lo mismo: él.
Su cabeza empezó a fallarle, y pronto se conformó con poco. Según pasaron los años, empezó a rebajar sus expectativas vitales de amor, sobre todo, y de trabajo. No le importaba ya con quién compartir su cama, si hombre o mujer, si joven o ya en la madurez. Se enamoraba un par de veces cada mes, aceptaba cualquier forma de cariño. Sabía y temía que terminaría pagando por ello al cabo de no tanto tiempo. El mundo que se desmoronaba a su alrededor ya no le importaba un cuerno, pero se deprimía siempre que encontraba muertes e injusticias en las páginas del periódico. La impotencia lo invadía y se hundía un poco más.
Pensaba que igual debería haberse quitado de en medio mucho tiempo atrás, cuando empezó a ceder en el terreno de sus deseos y esperanzas. Sin embargo, cada día volvía a levantarse, a vestirse y a vivir, despacio y cansinamente, pero a vivir.
Achacaba esta supervivencia inútil a Dios y a sus oraciones de cada noche, que repetía de rodillas como le había enseñado su padre. Nunca olvidó rezarlas, ni un sólo día dejó de hacerlo. Era, quizá, lo único que le mantenía con vida.
Algún día, estoy seguro, todo cambiará y empezará a apreciar todo lo que le rodea y a vivir lo que le quede con la ilusión que le invadía de niño.
1 comentario:
Coke, hacía tiempo que no entraba en el blog... Me han gustado tus dos entradas de julio. Son relatos duros que no consiguen esconder cierto pesimismo, pero quizá por ello son valientes, por llamar a las cosas por su nombre. Un abrazo grande!
Pablo.
Publicar un comentario