viernes, 19 de octubre de 2012

Otra vez


De eso hablo, de cuando te odias a ti mismo. Porque sabías que estabas a un paso de lo que llevas semanas imaginando. Pensaste en ello cuando caminabas solo de un sitio a otro, mirando al suelo. Ensayaste incluso tus palabras y las suyas. Joven todavía, y más estúpido, eso seguro. Y es que casi la has ignorado, por Dios. Pues nunca sabrás lo que te estas perdiendo.
Te llamas de todo, maldices, vuelves a mirar al suelo. Y por lo menos escribes unas líneas sobre lo que te corroe por dentro. Has estado a punto de salir corriendo a por ella. Cobarde, supongo. Gilipollas es lo mínimo que mereces. Tendrás más oportunidades, y si no las fabricas tú.
O de otra forma sigue mirando al suelo, pensando, ensayando palabras en un monólogo ridículo, estúpido e ininterrumpido. Lo mejor y lo peor es que está en tu mano.
Te das cuenta de que has avanzado, pero también de que aún te falta mucho para llegar a dónde quieres. Quizá eso que has dejado pasar sea la puerta.  

sábado, 17 de marzo de 2012

Porque no existen tumbas de dos, no, no existen.


Les vi en directo sobre el escenario en Madrid, hace apenas un año, en uno de los últimos conciertos de la gira de Aviones, su último disco juntos. Ahí arriba se sentían a gusto, eran ellos; desarrapados, provocadores, genios. Hacían música de todos los colores. Escuchando ‘El día que no pueda más’ y ‘Grupis’ cuesta creer que los creadores sean los mismos. Eran y son bichos raros que han triunfado diez años y ahora han decidido darse un paréntesis inesperado. Quizá se han dado cuenta ya de que su camino no llevaba a ninguna parte con buen final. Para mí son como guardianes entre el centeno al borde del acantilado de la desesperación; alertan a los perdidos que les admiran y acompañan por sus dones creativos y su talento musical para que no les sigan. Sus ojos están cansados de mirar tras los cristales mientras está lloviendo. Ahora les vemos caminar sobre el alambre. Se merecen un buen recuerdo. Mañana para mí no habrán muerto.

Muestran un camino que no lleva a ninguna parte. Cantan ocurrentes, gamberros, duros o románticos; cantan geniales, siempre. Tienen decenas de canciones con letras que se clavan sobre vivir e intentar querer, sobre probar otros caminos, sobre matar, sobre coleguear, sobre temblar. Lentos, certeros, rápidos y únicos, siempre en plural. Crees que les conoces porque te reconoces en sus letras; subes y bajas acompañado por ellos, explotas y te hundes en apenas una frase.

Empezaron hace diez años, después de picar piedra en la carretera, porque habían nacido para estar en un conjunto. Planeaban el asalto al mundo. No querían ser como los demás pero se ahogaban en los mismos problemas y las mismas miserias que todos nosotros. No había mundo perfecto que les pudiera conquistar; lo cierto es que la mierda les unía todavía más. Repetían tabúes, maldecían el amor y la mala suerte. Sabían que eran buenos y especiales, pero no creo que nunca se olvidaran de donde habían llegado.

Me gustan porque son, eran, astronautas en este mundo anormal, porque estaban perdidos, por su fragilidad cantada de forma tan original, por su violencia verbal, por su agudeza cabal. Me gusta que, al menos, podamos seguir disfrutando de ellos en directo.