viernes, 19 de octubre de 2012

Otra vez


De eso hablo, de cuando te odias a ti mismo. Porque sabías que estabas a un paso de lo que llevas semanas imaginando. Pensaste en ello cuando caminabas solo de un sitio a otro, mirando al suelo. Ensayaste incluso tus palabras y las suyas. Joven todavía, y más estúpido, eso seguro. Y es que casi la has ignorado, por Dios. Pues nunca sabrás lo que te estas perdiendo.
Te llamas de todo, maldices, vuelves a mirar al suelo. Y por lo menos escribes unas líneas sobre lo que te corroe por dentro. Has estado a punto de salir corriendo a por ella. Cobarde, supongo. Gilipollas es lo mínimo que mereces. Tendrás más oportunidades, y si no las fabricas tú.
O de otra forma sigue mirando al suelo, pensando, ensayando palabras en un monólogo ridículo, estúpido e ininterrumpido. Lo mejor y lo peor es que está en tu mano.
Te das cuenta de que has avanzado, pero también de que aún te falta mucho para llegar a dónde quieres. Quizá eso que has dejado pasar sea la puerta.  

No hay comentarios: